domingo 1 de agosto de 2010

Confesiones de una mujer fatal

Tengo ganas de tener un amante. Y no es que ahora no tenga o que el que tenga sea muy malo, es que ciertamente extraño las reflexiones postcoito de José Obdulio, y sus temáticas intelectuales. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de hablar conmigo al menos media hora, sabría que para estar entre mis piernas se requiere de una dosis sobrehumana de locura y de cerebro. Sebastián lo tenía todo, bien me dijiste, quizás no hubiera podido ser mi novio pero al menos sí me hubiera llevado a la cama. Acepto que padezco de poliandria, no es fácil que una mujer como yo se tenga que reducir a un solo experimentador incompleto, que a veces percibo temeroso como he percibido temerosos a muchos hombres que he conocido, quizás porque mi actitud e inteligencia los trastornan. Comprendo, no debe ser fácil para un hombre común, ser sometido al escrutinio de una mujer como yo. Y es que ojalá fuera solo cuestión de inteligencia, pero como alguien lo dijo alguna vez y ahora yo lo apoyo: no basta con ser bonita, hay que saber serlo. Una vez me preguntaste que si era lesbiana, ahora te digo que ojalá lo hubiera sido. Los hombres son una especie inexacta de un conjunto de artefactos mal diseñados, que se dejan manipular hasta por la más iletrada de las mujeres, con que solo les muestre el escote aunque no sea necesariamente impresionante. Siempre me han parecido tan estúpidos. Debe ser por eso que José Obdulio me parecía diferente, al menos hablaba de cosas más interesantes o menos inverosímiles que el resto. Lástima que hasta de él haya terminado aburriendome, aunque fue el amante que más me ha durado. También me preguntaste que si me casaría, pero no veo la necesidad y nunca la he visto. No me imagino extralimitando mis feromonas a un solo hombre por el resto de mi vida y hasta que la muerte nos separe. Prefiero el monjanatorio. Me deprimiría de solo pensar en que hay tantos hombres mejores que el que tengo al lado cada mañana, tan solos andando por ahí... Siempre he preferido el amor de un día, o si acaso de un mes, las aventuras pasajeras, el intercambio intelectual con alguien minimamente a mi altura, aunque pensandolo bien me retracto, no he conocido a nadie que cumpla al menos con esa última característica que te menciono. Sueno como un monstruo, una máquina, eso lo sé, no te asustes. Ahora ves mi razón de por qué no hablo casi de esto tan abiertamente. La gente no sabría comprenderlo, menos los hombres. Si así no más suelo intimidarlos, imaginate qué pensarían en medio de su hombría pusilánime, sabiendo que me parecen tan inofensivos y tan predeciblemente simples (suponiendo que de verdad dedicaran algo de su cerebro a pensar en eso). Ya me aburrí de solo mencionartelos ahora. Debes estar preguntandote entonces por mi amante actual, es normal. Pues de él te digo que no he sido capaz de verlo desde hace unos días aunque me ha buscado, creo que me está aburriendo ya. Jamás he entendido por qué algunos hombres teniendo un poco más que dar, se les agota el tema tan rápido. Se vuelven monotemáticos, reduccionistas, mis enaltecedores compulsivos. Pareciera a veces que se enamoraran de mí tras ofrecerles la primera noche, y entonces se dedican a tratar de impresionarme con adulaciones, no sabiendo que emprenden en cambio una carrera de desenamoramiento partiendo de la nada. De pronto y el poco cerebro que usan se les inunda de sustancias embrutecedoras tras besarme, aunque debo aceptarte que algunos sí se empeñan en ser mejores amantes. De todas formas los disfruto, en su momento y a su medida. No quiero cansarte más con estas nimiedades. Por último y como anexo te digo que sí he pensado en ser madre, pero para no correr riesgos el día que tome esa decisión no dudaré en sentarme con un compendio de sementales en catálogo, y dejarme embarazar de una jeringa. O quizás no tenga hijos, porque si nace niña se dará cuenta de la frustración, y si nace niño, estará destinado a la mediocridad de su género. En fin, no te voy a contar más, me pondré a leer algún libro histórico mientras aparece una nueva víctima que me interese, al menos provisionalmente como siempre.

7 comentarios:

Anónimo Dedalus dijo...

No sé por qué, sin necesidad de leer esto siempre lo sospeche. Además de saber que los hombres (esos que se engloban con el género masculino) siempre somos primitivos. Tocará pensar en una cruzada contra Hal9000, porque se ha empeñado en herir nuestro orgullo de género (y eso que jamás seré una de las víctimas de esa malvada): sólo tengo que conseguir al menos un amigo para salir a desfilar con unos carteles, pero toca pensar en un mensaje ingenioso, por ahora lo que se me ocurre es algo nada enaltecedor: «Sus súbditos estaremos delices de implorar de rodillas».

Anónimo Dedalus dijo...

Corrección: "felices" (estos dedos traicioneros...)

Bosh dijo...

Yo tampoco seré ni espero ser víctima. Me daría miedo que tras una noche de pasión con esa mujer y de pronto resultarle "mal polvo", amanezca con algún tipo de amputación.

No sé cuál es la diferencia entre esto y un asesino en serie. Buen post.

Inner-Demons dijo...

Los machos mortales son tan predecibles, las hembras divinas son tan complicadas, por eso, los semidioses vivimos felices, entre la locura y la racionalidad. Excelente escrito

state_0f_mind dijo...

me encantó... y coincido contigo!! qué mediocres son los hombres!

Verbo... dijo...

Tremendo !!!!!

Tienes todo mi aplauso y mi respaldo, letra por letra !!!

Ya entiendo, o mas bien confirmo porque me gustan algunas mujeres, es por su intelecto, por su maravilla de decir y contar,

ya!, ya entiendo, los hombres ...
¿qué carajos tienen en la mente? tetas, vaginas y culos...

Te felicito por tan excelente entrada.

Besos.

PASSOFINNO dijo...

Cuando una mujer habla de esta forma, los hombres debemos estar halagados en vez de ofendernos, pues estas palabras son una fotografía exacta con pelos y señales de nosotros mismos. Reconozco que los hombres somos mediocres, tontos e ingenuos, la perfección solo se nos concede cuando una mujer nos la entrega.